Públicos que cuentan

PÚBLICOS QUE CUENTAN

 

Como siempre es mejor contar que explicar, hay esta historia: Andrés Rincón desde hace diez años llega los 14 de enero a los estudios de Radio Semillas a "poner un aviso" para que lo saluden el día de su cumpleaños y le hagan sonar una de sus canciones preferidas "Bailamos señorita", del maestro Jorge Velosa.

La historia parece cotidiana, pero va un poco más allá: "Andresito" -como le decimos- desde hace treinta años venía perdiendo la vista y hoy en día está ciego. Habita en la Vereda Las Vueltas, a unos treinta minutos en vehículo, en un rancho que era de su abuela, vive solo, de la caridad y de lo que su mundo le permite. Y se pega el viaje a pie hasta la emisora. Dos horas de travesía, adivinando el recorrido, ayudado por un palo y rogando no tropezar con una cerca de alambre.

Para Andresito la Radio se ha convertido en su espacio vital, pues por allí pasa lo que le permite un contacto con su pueblo, lo que le ofrece compañía y la música que le gusta. Y claro la que alimenta su sueño y sus ganas de seguir cumpliendo años para que sepan que existe. En medio de su abandono y de sus tristezas, es quizá lo más valioso que tiene, ya que hasta del escaso espacio donde vive, que considera le pertenece temporalmente, lo quieren sacar.

Aquí la radio permite vivir la ciudadanía, ejercerla de hecho y no con palabras, pues como a Andrés, les da visibilidad, les permite contar. La participación no es una palabra para definir un proyecto ni un sofisma, es un acto que debe verse y demostrarse en la cotidianidad, en cada actividad de las organizaciones comunitarias y, en este caso, en la manera como las comunidades se incluyen con su propia voz y propuesta en la programación de una emisora comunitaria. Participar va más allá de las posibilidades para poner un mensaje, enviar un saludo o solicitar una canción. 

La emisora comunitaria no es solo un medio para difundir información ni su único soporte son los productos radiofónicos. Es también un escenario de encuentro, visibilidad y socialización, por lo tanto valida y ejecuta un proyecto comunicativo para hacer posible el derecho a escuchar y ser escuchado,  a la libre expresión responsable, a generar desarrollo comunitario, competencias comunicativas y fortalecer las identidades locales.

La radio no son los equipos ni las personas que trabajan directamente allí. La radio comunitaria es una apuesta colectiva, que se piensa y hace posible desde sus comunidades, desde sus audiencias, que no son oyentes, sino públicos activos “prosumidores”, pues son capaces de escuchar y consumir radio, pero están en capacidad también de hacerse oír con su propia voz y producir contenidos.       

Es lo fundamental, desde el inicio hemos pensado el proyecto comunicativo desde las comunidades. En una primera instancia a través de convocarlos a ser parte de un Colectivo de Comunicaciones, formados para echar a andar la radio comunitaria y posibilidades de seguir creciendo y apropiando la dinámica del ejercicio radial comunitario.

Luego, a través de su vinculación en diferentes momentos del proyecto: algunos como productores radiales que emiten sus propios espacios. Hay quienes integran la Junta de Programación, que es la encargada de garantizar y analizar las políticas de programación de la emisora. Otros en el trabajo directo en la parte técnica y de locución y los que participan en la Escuela de Formación para emitir productos radiales.

El proyecto de Radio Semillas se ha caracterizado por pensar mucho en la gente, y en algo que nosotros hemos procurado y es que la propuesta en Tibasosa marcara la diferencia entre hacer radio y ser parte de ella. Es sacar al simple oyente, hacer que deje de ser tratado como oyente, para que se convierta en parte activa del proceso. Eso lo hemos hecho abriendo las puertas, los portones y los corazones, pero sobre todo abriendo los micrófonos de la radio. Antes la gente creía que hacer radio era una cosa difícil porque su único referente eran las grandes cadenas radiales nacionales y no conocían su funcionamiento por dentro; cuando se acercaron al proceso de Radio Semillas se dieron cuenta que era algo sencillo y  a lo que podían tener acceso todos los públicos.

Esta visión nos permitió fortalecer lo que nosotros llamamos “espacios de encuentro”, que son los momentos potenciales existentes dentro de las familias y dentro de la comunidad. Hacemos, por ejemplo, un espacio que se llama La Romería, que consiste en tomar el remoto de la emisora, irnos para alguna vereda o sector del municipio y emitir el programa desde la casa de un paisano o paisana. Cuando la gente escucha la transmisión, se acerca a la casa, y al finalizar ya no están sólo los tres o cinco miembros de la familia, sino quince o veinte  personas. Generalmente en medio de eso, ellos mismos empiezan a reunir productos para preparar el tintico y luego el desayuno. Al terminar el programa uno siente que los aires del pueblo se surcaron con las identidades, sentires y cotidianidades, que de alguna manera se sigue desmitificado la radio.

Dentro de los públicos, hemos querido tener programas tanto para los niños como para los abuelos. Tenemos, por ejemplo, un grupo de niños que se empezó a formar en 1997; uno de sus integrantes, Miguel Andrés, está desde cuando cursando tercero de primaria, hoy tiene estudios de maestría, es docente universitario. Durante todo este tiempo ha estado involucrado con la radio: inició con un programa infantil y ahora hace uno de corte juvenil llamado "A La Loca Tolondra", que se transmite los domingos a las nueve de la mañana. Así hemos potenciado el proyecto de la radio, teniendo siempre en el ejercicio una visión de la radio como un escenario donde la gente se encuentre, donde la gente tenga posibilidades de desarrollo y bienestar, pero sobre todo donde se visibilice y de cuenta de sus vivencias.

Nosotros hemos entendido desde el inicio que esto es una emisora comunitaria, hemos entendido que nuestra base y nuestro lucro es social y no económico. Hemos sufrido muchos inconvenientes económicos, pero creo que con la fortaleza de la gente logramos estar siempre en sintonía. Todas las personas que vienen proponiendo programas han tenido su espacio sin tener que pagar, nunca el dinero ha mediado para garantizar el acceso.

Nosotros solemos decir que nuestra puerta siempre está abierta y los micrófonos también. No nos interesan siempre los productos perfectos. Sabemos que la limpieza sonora es importante, pero a veces no se necesita tanto, y por eso no nos preocupamos en exceso por tener aislamiento sonoro, por ejemplo. Eso se justifica con un comentario que nos hizo un habitante del pueblo llamado Pedro Cogua, fiel oyente de Radio Semillas, quien nos dijo “se nota que los niños que hacen programas en la emisora se divierten muchísimo, tanto, que el otro día se oía que hasta el perro latía de la alegría”. Y ese es el cuento de la radio: si nosotros nos plastificamos en la radio, en la voz, en lo que hacemos, no permitimos que los ambientes sonoros se transmitan por la radio, pues no dan testimonios de que hay gente de carne y hueso trabajando, sino que parece que nos automatizáramos con el trabajo. Tenemos un estudio caliente, un mirador sonoro, desde donde nos conectamos con el pueblo y sus comunidades, un lugar donde las palabras cogen alas y vuelan por los cielos tibasoseños y por donde, sin querer, suenan saludos, sonrisas, timbres, campanas y cuanto ruido hace parte de la cotidianidad sonora de Tibasosa. En ese sentido hemos logrados dos cosas:

VISIBILIDAD DE PERSONAS Y COMUNIDADES. Con la apuesta de la radio itinerante se ha logrado hacer vivibles a muchas comunidades y personas que siendo del pueblo y teniendo muchas cosas por compartir, aparecían en el olvido y el anonimato. Ahora, incluso hay quien llama y pide un espacio porque sabe que también tiene muchas cosas por contar.

PASAR LA VIDA DEL MUNICIPIO POR LA RADIO. Con la transmisión de eventos en directo desde los sitios donde se desarrollan, lo que ha permitido integrar a las comunidades con la radio y que le medio socialice sus vivencias.

 

Es una comunicación distinta y participativa que fortalece las identidades y recrea las costumbres que se ponen en presente para soñar el futuro.